# Bienvenido Míster Data Center **By:** Enric Juliana Ricart **Published:** 2025-09-16T06:00:00+02:00 **Source:** [La Vanguardia](https://www.lavanguardia.com/politica/20250916/11063368/bienvenido-mister-data-center.html) --- Newsletter 'Penínsulas' Los centros de datos acaparan la nueva demanda eléctrica, ¿son motor de desarrollo o hidra? Una empleada de Google Data Center revisa los datos.  Estaremos de acuerdo en que Bienvenido Míster Marshall es una de las grandes películas del cine español. Luis G. Berlanga supo sortear la censura para explicar con mucha ironía la marginación de España en la posguerra europea. Estados Unidos no podía ayudar al general Franco de manera inmediata. No quisieron tumbarlo, pero tampoco podían prestarle la misma ayuda que a los países europeos democratizados. El Plan Marshall pasó de largo y fue sustituido unos años después por el acuerdo sobre las bases militares. Han pasado muchos años desde entonces y a Villar del Río, el imaginario pueblo de la película de Berlanga, acaban de llegar unos norteamericanos con mucho dinero en el bolsillo. En las afueras hay una gran planta de energía fotovoltaica y a los estadounidenses les interesa esa fuente de electricidad. ¡Bienvenido Míster Data Center! España pagó caro el aislamiento. La autarquía franquista estuvo a punto de quebrar. El Plan de Estabilización de 1959 abrió el país a los capitales extranjeros, ofreciendo mano de obra barata y disciplinada. (Ni un Penínsulas sin citar el Plan de Estabilización). Los planes de desarrollo fomentaron una industrialización frágil que entró en grave crisis cuando en 1973 los países árabes encarecieron los precios del petróleo como consecuencia de la humillación de Egipto y Siria en la guerra del Yom Kipur. Fue un duro golpe. Es verdad, la crisis del petróleo afectó a todo Occidente, pero sus efectos en España fueron demoledores. Miles de empresas cerraron. Se disparó la inflación. El turismo actuó de paracaídas. La agonía del general Franco coincidió con un fuerte despertar de las protestas sociales. Esa circunstancia contribuyó a acelerar la transición a la democracia. En un contexto de crecimiento económico estable, la dictadura habría tenido un final mucho más lento. La España democrática consiguió entrar en el Mercado Común Europeo –no sin demoras y sacrificios–, pero la fuerte dependencia del petróleo seguía siendo su talón de Aquiles. Ello ha sido así hasta fecha reciente. Mientras que en el 2018 la industria española pagaba un 31,5% más por su electricidad que el resto de la industria europea, en 2024 pagó un 20,9% menos. Hasta el 2018, España estuvo en clara desventaja porque el precio de la electricidad industrial estaba por encima del promedio europeo. Esa tendencia está cambiando. Por primera vez en muchísimo tiempo, España cuenta con ventaja energética. Hoy vamos a explorar esta senda con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, profesor de Geografía Humana en la Universidad Carlos III de Madrid. Una de las escenas más icónicas de 'Bienvenido Míster Marshall'. Archivo Hay dos razones que explican el vuelco: el encarecimiento del precio de gas en Centroeuropa tras la invasión rusa de Ucrania y la fuerte apuesta por las energías renovables, cuyo porcentaje ha subido del 39% al 57% entre los años 2018 y 2024. Pedro Sánchez lo puede apuntar en su haber. Todos los analistas anticipan que el coste de la energía descenderá en la próxima década en Europa y que España destacará por mantener el nivel de precios más bajo de los cuatro grandes mercados, ampliando incluso la brecha respecto a Francia, Alemania e Italia. Según el regulador español (CNMC), las cotizaciones a futuro sugieren que los precios eléctricos en España se mantendrán en torno a un 30% por debajo de los de Francia y Alemania. El modelo ha cambiado y la moderación del precio de la energía en el solar ibérico está atrayendo un notorio volumen de inversiones industriales, tecnológicas y energéticas (producción de hidrógeno verde, por ejemplo) que aspiran a utilizar energía eléctrica cien por cien renovable a bajo coste. Hay mucha demanda de electricidad barata y en Villar del Río los inversores norteamericanos exigen postes de alta tensión para poner en marcha un Data Center. Hay mucha demanda y el gran problema es la extensión de las redes eléctricas. “Abraza los postes de la luz”, titulaba hace un año la revista The Economist. Los centros de datos se han convertido en las estrellas del proceso de reindustrialización. Hablan del futuro, están asociados a las grandes marcas de la galaxia tecnológica, evocan poder y prometen redención a los territorios olvidados. El 30% de las nuevas solicitudes de conexión a la red en los últimos cuatro años corresponden a centros de datos. La Comunidad de Madrid concentra cerca del 60% de la capacidad instalada y tiene proyectos para poder aumentarla significativamente, pero han aparecido otros competidores. Aragón está apostando muy fuerte por los centros de datos, declarando de interés general once megaproyectos con una teórica inversión privada de 47.000 millones de euros, que situaría esa región entre las zonas europeas con mayor capacidad compitiendo con Londres, Frankfurt y París. Itconic Data Center Barcelona y sus cables de fibra óptica. Archivo ¿Qué es un centro de datos? Es una gran nave industrial de última generación diseñada para alojar y gestionar grandes volúmenes de datos digitales en servidores y sistemas informáticos y de telecomunicación (hardware), junto con sus sistemas de respaldo. Su función principal es garantizar la disponibilidad, seguridad y eficiencia energética en el procesamiento y almacenamiento de información crítica para empresas, instituciones o plataformas digitales. A medida que crecen las aplicaciones digitales, las sesiones de streaming, el almacenamiento de datos en la nube y se van desarrollando las aplicaciones de la IA se necesitan más centros de datos. En los últimos dos años, la potencia instalada en ellos en España se ha cuadruplicado y se prevé que la demanda se duplique hasta el 2028 y crezca con tasas superiores al 30% durante al menos una década. Son instalaciones que requieren inversiones mareantes. Llegan de la mano de las grandes compañías tecnológicas. En Aragón, los tres mayores proyectos los propone Amazon, que ha anunciado una inversión de 15.700 millones de euros, básicamente repartida en cuatro emplazamientos: Villanueva de Gállego, Huesca, el Burgo de Ebro y Zaragoza. El proyecto de Blackstone superaría los 11.000 millones en Calatorao (Zaragoza). Microsoft aparece con una inversión cercana a los 3.000 millones en Zaragoza. En Castilla-La Mancha Meta promete invertir cerca de mil millones en Talavera de la Reina. Esos proyectos llegan acompañados de informes nacionales e internacionales muy accesibles, legibles y con contundentes conclusiones sobre sus beneficios y la necesidad de priorizarlos. Los previsibles beneficios comienzan con las enormes inversiones iniciales. Algunas estimaciones, quizás demasiado optimistas, elevan su contribución al PIB español por encima del 4%. Se prevé también una fuerte creación de empleo especialmente durante la construcción de las instalaciones: servidores, redes y nueva capacidad de producción eléctrica imprescindible para su funcionamiento. En la fase operativa se estima que los centros actuarán como tractores de empleo indirecto por su capacidad de arrastre sobre el ecosistema digital. Su presencia debería favorecer la consolidación de empresas tecnológicas especializadas que aprovechan la localización próxima y la reducción de la latencia, un nuevo concepto que hace referencia a los tiempos de respuesta en red. El Meta Data Center Campus previsto en Talavera de la Reina. Protection Data Hay otro argumento no menor: el territorial. Los centros de datos se localizan muy frecuentemente, en todo el mundo, en zonas rurales con mayor disponibilidad de suelos industriales baratos y más proximidad a la producción renovable. Cuentan casi siempre con un fuerte respaldo de las administraciones regionales y locales que los presentan como motores de desarrollo local, con promesas de empleo y revitalización. Se convierten así en un emblema de modernidad y de conexión con los flujos de innovación. Ofrecen poder simbólico. Zonas agrarias, zonas industriales en declive, zonas marginales se resignifican como “territorios tecnológicos”, lugares de futuro. La Venganza de la Geografía con la ayuda de la Tecnología. Huesca albergará el nuevo centro de Amazon; Talavera de la Reina el de Meta, y Blackstone ha optado por Calatorao, un pueblo de 2.900 habitantes en las proximidades de la Almunia de Doña Godina en el sur de la provincia de Zaragoza. Es difícil encontrar argumentos críticos sobre los centros de datos. Sin embargo, la posición de algunos países introduce algunas dudas en el perfecto panorama dibujado por las consultoras. Ámsterdam en el 2019 y el conjunto de los Países Bajos en el 2022 aprobaron moratorias a la instalación de centros de datos. También en el 2019 la ciudad estado de Singapur, una referencia internacional en innovación, aprobó una moratoria en el mismo sentido. Dublín, capital de Irlanda, ha suspendido la concesión de licencias hasta el 2028. Motivo: los centros de datos consumen mucha electricidad y requieren también mucha agua para su refrigeración. Es evidente que se necesitan centros de datos, pero su gran consumo energético puede acabar excluyendo otras posibles inversiones industriales con mayor impacto económico, social y territorial. La experiencia de otros países muestra que el impacto local de los Data Center suele ser modesto ya que no dejan de ser un gran centro de almacenamiento de servidores con una demanda de empleo cualificada muy limitada. El efecto arrastre es bajo comparado con otras industrias. La capacidad de crear a su alrededor un ecosistema digital innovador es real, pero no automática. Los Data Center consumen mucha electricidad y la red eléctrica es así clave. D. Zorrakino / EP Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Andalucía, Extremadura y Galicia generan el 82% de toda la energía verde que se produce hoy en España. Ahí está Villar del Río. La España despoblada del interior se ha convertido en pila eléctrica, puesto que esas zonas ofrecen menos resistencia a los cambios paisajísticos que suponen los parques eólicos y las grandes plataformas fotovoltaicas. En las zonas litorales, donde se concentra el 40% de la población, con gran variedad de actividades económicas, con fuerte dependencia del turismo, cada proyecto de energía renovable a gran escala se convierte en un drama. Las dos caras de la moneda las encontramos en Catalunya y Aragón. Catalunya seguirá dependiendo de las centrales nucleares y Aragón se ha convertido en un gran productor de electricidad renovable. El País Vasco tampoco es un gran productor de energía verde pero necesita electricidad renovable para modernizar su importante parque industrial. El lehendakari vasco Imanol Pradales llevó a la última Conferencia de Presidente (Barcelona, julio del 2025) una propuesta sobre la potenciación de las redes eléctricas que no gustó nada al Gobierno de Aragón. ¿Quién debe tener prioridad cuando la industria convencional necesita ser renovada y se produce una avalancha de nuevos proyectos, con gran protagonismo de los Data Center? Hace ahora una semana, la prensa publicaba un informe del sector eléctrico según el cual el 83% de las redes están saturadas. Red Eléctrica, sociedad gestora de la red, empresa privatizada por José María Aznar en los años noventa, tiene una mano atada a la espalda porque el deber de garantizar beneficios a sus accionistas impone un tope a la inversión. Se está formando un nudo. El apagón del pasado 28 de abril fue un aviso y una mala señal. La ministra de Energía y Medio Ambiente acaba de anunciar un plan de inversión de 13.500 millones de euros para ampliar las redes eléctricas entre el 2025 y 2030. La concreción de ese plan va a ser muy disputada. Está en juego la posibilidad de una segunda revolución industrial en España. La prima de riesgo española bajó ayer por debajo de los 55 puntos por primera vez en 19 años y en Villar del Río lucharán a brazo partido para que esta vez los americanos no pasen de largo. (Este nuevo capítulo de 'Penínsulas' ha contado con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, profesor de Geografía Humana en la Universidad Carlos III de Madrid, socio de SILO y antiguo jefe de proyectos de la división de Evaluación de Políticas Públicas de la AIReF.)